Un día decidimos quiénes sómos, más allá de lo que nos dejan ser. ¿Qué elegí? ¿Hacia dónde voy? ¿Es real? ¿Estoy repitiendo viejos esquemas? Mil preguntas, una respuesta. Todo, absolutamente todo es efímero, fugaz, vacuo. Pero hay una huella personal que queda impresa en el camino, alguien la seguirá... ¿Cuándo?, cuando sea el momento...

CUANDO VOY A HOY ES CUANDO

Las claves de la sabiduría se desagregan con frecuencia frente al hecho vivido. No podemos escaparnos de esa piel ingrata porque estamos en el tránsito de lo hecho. Incluso querer ignorar nos hace sabios del silencio. Con el paso de los años nos vamos involucrando en la efímera quimera de creer que estamos donde debemos y que mil cosas suceden por ahí pero no a nosotros. Hoy es cuando va a ir recogiendo a lo largo de su existencia, ciertos lugares de significación inevitables, fundamentalmente algunos que forman criterios desaforados de apreciación sobre los contextos, contextos ligados al arte, ese intruso que viene a instalarse en nuestros saberes y que tantas veces nos anarquiza de la historia, precisamente por la imposibilidad cierta de su indefinición, que es su más alto valor de existencia. Los planteamientos que encontraremos son eclécticos, puntualmente vinculados con situaciones que pre-forman nuestra cultura estético-social. Se trata, entonces, de repensar cómo pueden articularse de un modo equitativo y creador la homogénea transculturación de los estilos de información y entretenimiento con las aspiraciones de continuidad de las culturas locales y nacionales. El problema es entender cómo se reorganizan las entidades distintivas de cada pueblo en procesos internacionales de segmentación e hibridación intelectual. Las palabras y las imágenes no como exceso de una plenitud mágica, sino como la alianza tensa de celebración y crítica, de lo que gozamos y lo que nos hace falta. Según dice Italo Calvino de la literatura, “como un frágil puente improvisado tendido sobre el vacío” (Néstor García Canclini) Hay recorridos extraños en este Hoy es cuando, de la misma manera que sucede cuando vamos armando nuestros itinerarios de viaje, hay cosas que sabemos que vamos a ver, oír, hasta vivir, pero en un momento, dialogamos con el increíble momento de lo desconocido, o mejor, inesperado, que desafía nuestra estabilidad y nuestros saberes, también nuestras perspectivas. Habrá que dejarse ir, esa es la razón última. Hoy es cuando, quiere dejar un modelo para armar y desarmar, un lugar en donde la memoria se vuelva signo y símbolo en este campo de juego. El campo es un blog simple, sin pirotecnia, sencillo como los espacios entre saberes, generalmente espacios silenciosos, perplejos, pero dinámicos. Luego, cuando quieras comenzar el juego, vos ponés las reglas y comenzás a recorrer, porque sos el principal oferente, yo desde aquí, vos desde un ciber-espacio intelctual, diletante, personal. Hay un árbitro en este juego, es la factibilidad de los hechos que infieren sobre la conformación del individuo como ser social, contextual, comprometido. Un árbitro que cree en los desafueros de la miseria humana y que realza la vocación, en su construcción humana, de que el hecho estético se alimenta constantemente de estos pasos fácticos, eufemizados en el transcurso de los tiempos, para que puedan ser contados con una sublimación que enfatiza aun en el dolor, el compromiso recreativo de las artes. Este andar es una construcción que no es otra cosa que La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos. La vida, un ballet sobre un tema histórico, una historia sobre un tema vivido, un hecho vivido sobre un hecho real. La vida, fotografía del número, posesión en las tinieblas (¿mujer, monstruo?), la vida, proxeneta de la muere, espléndida baraja, tarot de claves olvidadas que una manos gotosas rebajan en un triste solitario (Julio Cortázar. Rayuela, cap. 104)

viernes, 13 de agosto de 2010

CUANDO CONSUMO LA ESTÉTICA DEL ARTE…

Paralelamente al proceso de globalización económica que estamos viviendo, somos protagonistas de un proceso de globalización de la cultura y de las prácticas sociales con la consiguiente resignificación de conceptos y valores.

Los medios de comunicación, la posibilidad de traslados, la literatura, los deportes, todo contribuye para que cada vez el individuo esté más integrado en el mundo, y sienta que pertenece a una comunidad desterritorializada.

Esto tiene repercusiones en el sentimiento de identidad, que ya no se define tanto por nacionalidad sino más bien por la pertenencia a "tribus" que se constituyen independientemente de la proximidad física, en torno de intereses comunes, uno de ellos, el consumo, que será focalizado preferentemente en este artículo.

La cultura joven es un claro ejemplo de esta cuestión, consumiendo o aspirando a consumir la misma ropa, la misma música y la misma comida en Londres, Tokio o Río de Janeiro.

"Los estudios de consumo cultural en diversos países muestran que, en la nuevas generaciones, las identidades son menos organizadas por los símbolos de la historia patria que por los de Hollywood o Benetton" (García Canclini: 09)

http://www.naya.org.ar/articulos/global01.htm


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