La irrupción de la sociedad del best-seller
Los planteamientos estéticos del siglo XXI están atravesados por la idea de una cultura de consumo, regida por leyes de mercado, dirigida a una audiencia indiscriminada y masiva.
La aparición de nuevas estéticas-narrativas, expresivas, creativas, recreativas- que han revolucionado las formas y los contenidos tradicionales del discurso cultural. Nos referimos, naturalmente, a las estéticas televisuales, cinematográficas, audiovisuales, periodísticas, plásticas o radiofónicas. Luego, constatar la crisis sin retorno de la clásica noción de autor, del creador solitario e individualizado hasta extremos míticos. Ahora, con la sociedad de consumo, el papel del intermediario, del divulgador, es lo que está en auge, junto con el trabajo cultural colectivo y anónimo. Y constatar la primacía de lo instantáneo y efímero sobre lo histórico y perdurable; la supremacía de lo universal frente a lo local o nacional, y del cosmopolitismo frente al casticismo o costumbrismo; el triunfo de la repetición sobre la diferencia, de lo popular o mundano sobre lo elitista o académico. La tiranía, en fin, de la demanda -de las masas- y no de la oferta –los creadores.
El consumo supérfluo de las minorías masificadas oculta la dramática insatisfacción de las necesidades básicas de subsistencia de la mayor parte de la población mundial.
En síntesis, el objetivo fundamental de la sociedad de consumo, no es la producción de mercadería sino la producción en serie de consumidores, disciplinados, pasivos, sin capacidad de discermiento.
La estética del consumo, lejos de ser un hecho creativo, está atravesada por la mass media cultural, procurando un círculo vicioso, antes que virtuoso en las producciones artísticas.
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